Aprendizajes en Palenque (Proyecto de servicio 2024)
Después de viajar diez horas
Estaba contenta de tener unas horas libres antes de continuar el recorrido. Viajé del norte al centro del país, llegando a la Ciudad de México con la intención de caminar un poco, comer y, finalmente, reunirme con algunos de los chicos de Compa para partir juntos hacia Palenque, Chiapas.
En la Ciudad de México todo transcurrió con normalidad. La multitud, tan característica del lugar, me acompañó en mi descanso, en mis traslados en metro, en mis comidas y también cuando me robaron el celular en el transporte público. Aunque calculamos que fueron tres personas las responsables del robo, más de tres estuvieron dispuestas a ayudarme. Por alguna razón, el incidente no despertó en mí ningún sentimiento negativo. Tal vez porque la emoción por lo que estaba a punto de suceder en Palenque era más fuerte, quizá porque el robo no incluyó violencia física o, tal vez, porque alguien estaba orando por mí.
Reencontrarme con los chicos por la noche fue un alivio. Gris, Eliab, Amairani y yo éramos solo una parte del grupo que se reuniría en el Centro Agroecológico Pej Pem para el proyecto de servicio. Subimos al autobús y, después de quince horas de trayecto, llegamos a nuestro destino.
Colaborando con AMEXTRA
Los días siguientes fueron una experiencia práctica de lo que habíamos aprendido junto a estudiantes, obreros y profesionistas en el espacio de diálogo del proyecto Abriendo Caminos de Justicia y Paz en América Latina. Cada mañana, antes del amanecer, nos reuníamos alrededor de las mesas del comedor en Pej Pem para reflexionar sobre Mateo 5-7. Esos devocionales tocaron nuestros corazones: nos recordaron la importancia de buscar la paz, amar al prójimo incondicionalmente y confiar en la provisión amorosa de nuestro Padre que está en el cielo.
La paciencia de Vero, Delfino y Jorge, de AMEXTRA, fue clave para que comprendiéramos la labor que realizan en el centro agroecológico y con las comunidades aledañas. Su disposición para compartirnos su experiencia nos permitió notar cómo la visión y misión de AMEXTRA nacen del corazón de Dios. La motivación por transformar comunidades surge del amor y del servicio, pero también transforma a quienes ponen su cuerpo y entregan su vida por el bienestar del otro.
![]() |
| tiempo de reflexión en Pej Pem. foto: Adri Roldán |
Un aprendizaje que me marcó
Fue uno de los pasajes que estudiamos en nuestras reflexiones:
Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa? (Mateo 6:25)
Jesús pronunció estas palabras en lo que ahora conocemos como el Sermón del Monte. Su audiencia eran multitudes empobrecidas, sometidas a un sistema injusto donde los excesivos impuestos romanos, la explotación de los terratenientes y la falta de oportunidades los mantenían en una lucha constante por la subsistencia. Estas personas no solo carecían de bienes materiales, sino que también vivían con la incertidumbre diaria de qué comerían o cómo vestirían a sus hijos.
Aunque nuestra realidad era distinta, estábamos en Palenque, Chiapas, el estado con el mayor porcentaje de población en situación de pobreza en México. Lo vimos. Conocimos una comunidad donde el acceso educación y salud es limitado. En ambos casos, en el siglo I y en el presente, la necesidad material pesa sobre la vida cotidiana, y las palabras de Jesús resuenan como un llamado a confiar en Dios y a construir justicia desde la solidaridad con quienes más lo necesitan.
Ese mismo pasaje nos invita a observar a las aves y a los lirios: no se preocupan por lo que han de comer o vestir, y aun así, Dios los alimenta y los viste. También es un llamado a buscar primero el reino de Dios y su justicia. Y Jesús, a lo largo del sermón, nos dice qué significa eso: reconciliarse con el hermano, dignificar la vida de las mujeres, llevar la carga del enemigo un kilómetro extra...
En una situación desesperada, donde lo lógico sería preocuparse por qué comer y qué vestir, somos llamados a realizar actos de servicio incondicional, incluso si se trata de un enemigo.
Han pasado dos meses desde que me robaron el celular. No he podido comprar uno nuevo porque mi situación económica no me lo permite, pero tampoco lo he hecho porque, afortunadamente, no es una prioridad en este momento. Uso uno viejo que cumple con lo básico y que, a través de su pantalla estrellada, todavía me deja scrollear por Instagram (la única red social que utilizo).
El contraste con las fotos que veo me hace sonreír: la mayoría son de comidas elegantes y outfits caros. Entonces, estas palabras vuelven a mi mente: ¿No tiene la vida más valor que la comida y el cuerpo más que la ropa? Y sigo comiendo mi atún enlatado con mis papás, vistiendo ropa de segunda mano, preguntándome qué experiencias de servicio tendrá Dios para mí en el futuro, experiencias que me brinden tesoros invisibles, imposibles de exhibir en una foto.
🌱🌺📚
Puedes escuchar fragmentos del espacio de reflexión académico-teológica acerca de justicia y paz que tuvimos con estudiantes, obreros y profesionistas de Compa, MUC, CECE y UCU: haz clic aquí para ver los vídeos.



Comentarios
Publicar un comentario